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MUJERES DE CIUDAD

La reapertura de los centros de mayores ¿Pa´ cuando?

  • Inmaculada Colón Alcántara


«Está a punto de finalizar oficialmente el segundo verano de pandemia, y ya comienza de una u otra forma el nuevo curso para todos.

Las vacaciones se acaban para aquellas personas afortunadas que hayan podido disfrutarlas; Las personitas de infantil, los jóvenes y universitarios, se inician o vuelven a sus estudios tras el período estival. Trabajo, clases, gimnasio, ajetreo, estrés y rutina vuelven a nuestra cotidianidad en esta llamada “nueva normalidad”, que no es más que nuestra vida tras conocer y estar aún inmersos en una pandemia, que ha modificado algunos hábitos y nos ha puesto una mascarilla en la cara.

La vida sigue, con pandemia, mascarilla, vacuna y lo que sea. Porque seguimos siendo animalillos de costumbres y, cual hámster en su jaula, vemos pasar el tiempo corriendo dentro de nuestra rueda.
Nos hemos adaptado, con mayor o menor resistencia, a la que se nos ha venido encima, y seguimos diligentes hacia el siguiente episodio de nuestra vida. Estamos ahí. Pese a todo.

Pero, pensando un poco y conociendo la realidad en nuestra ciudad, me surgen unas preguntas sobre las que he tenido que pensar la respuesta antes de emitirla: ¿Hemos salido todos adelante? ¿Nos hemos olvidado de algunos?

Reflexionando bastante, escuchando e interesándome por conocidos y amistades, he podido concluir que no todos hemos salido adelante por igual y en la misma disposición.

No vengo a referirme aquí en términos de economía o trabajo, facetas importantes e incluso determinantes para algunas personas y situaciones. Hago referencia al plano personal, vital, de estado emocional e incluso de salud tanto mental como física. Y ello, para un sector de la sociedad, en este caso la portuense, que para la administración ha estado olvidada, quizás amparada en la protección de su salud física, pero no ha tenido en cuenta su salud psíquica y emocional, y algo fundamental, su conexión con el mundo mediante sus relaciones interpersonales.

Ese grupo de población que se ha quedado atrás son las personas de la tercera edad que están en sus hogares, viviendo la mayoría solas, y que cuentan con un círculo de personas cercanas escaso.
Cuando se ha hablado de las personas mayores en esta pandemia, la referencia ha estado muy centrada en aquellas que conviven en residencias, asistidas por trabajadores.

Pero en nuestra ciudad, hay aún un amplio número de personas mayores que viven solas completamente, porque no tienen cónyuge o su familia ya no vive con ellas, o que pese a tener algún familiar más cercano, incluso conviviente, pasa gran parte del día en soledad. Personas que aprovechaban su tiempo para aprender o volver a aprender, para nuevas aficiones o retomar otras, o simplemente para socializar y dejar de sentirse solas. Para ello, acudían a los centros de mayores, o lugares concretos para ellos con programas de actividades específicas para ese sector de la población. Con el inicio de la pandemia, y siendo el sector más vulnerable, se cerraron esos centros como todo lo demás, y ellos quedaron encerrados en sus casas, volviendo a la soledad.

Se les ha protegido del virus, se les ha aminorado la posible exposición a la que podían verse sometidos, pero se les ha relegado a la soledad y al olvido.

Muchos no han tenido siquiera la posibilidad de relacionarse por medios telemáticos, de los que no disponen, porque la brecha digital es amplia en ese grupo de población; y no han podido contactar con otros, porque su núcleo de contactos está en idéntica situación. Han estado solos, tristes, deprimidos, algunos enfermos, y olvidados por la sociedad.

Cuando el mundo parecía haberse activado nuevamente, se pudo contemplar la vuelta al trabajo, a los colegios, la apertura de negocios, había posibilidad de reuniones, cada vez más ampliamente todo, incluso llegando a la celebración de eventos multitudinarios, como los de este verano, y en definitiva volver a la nueva normalidad. Aunque para los mayores, sus centros aún no se hayan vuelto a abrir, no hay ni fecha prevista, ni períodos de inscripción a actividades, ni programación preparada…Nada.

La falta de interrelación personal, la actividad física, la organización del tiempo, la escasa actividad mental, etc., han sumido a muchos de nuestros mayores en un deterioro físico y cognitivo importante, que ni siquiera ha podido ser paliado con la posibilidad de acudir a la consulta del médico de atención primaria, pues ellos tampoco han vuelto a la normalidad.

Por lo que de nuevo, ahora me surgen más preguntas, y digo yo, la normalidad de todo, para todos ¿Pa’ cuando?…..»

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