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¿Resurgirá el centro de El Puerto?

José Luis Romero Pacheco


«Hay ruidos a los que terminas acostumbrándote, tanto que llegan a formar parte de tu espectro vital, y cuando desaparecen de súbito quedas huérfano de algo tan anacrónico y dispar que en ocasiones es un grato acompañamiento y en otras se repudia por molesto, según el grado de concentración o estado de ánimo de cada momento.

Durante muchos años he mantenido relación de vecindad, puerta con puerta, tabique con tabique, con la sede de la delegación del Diario de Cádiz en nuestra ciudad; un espacio vivo, personal y humano donde confluían los profesionales del medio y todo aquel que necesitaba dar voz a sus anhelos, sueños, quejas o inquietudes.

Al igual que la calle Larga a la que asomaban sus balcones, esas oficinas fueron pasando del bullicio y trasiego a un sosiego no deseado, sino impuesto. Paralelamente, y como si de una analogía macabra se tratara, la calle Larga, la arteria más importante del centro de El Puerto, se iba convirtiendo en una calle falta de impulso vital, de simple paso, de crisis mercantil y de personas, con algún reducto de actividad, ya circunscrita tan solo a unas horas de la mañana. A partir del mediodía y a medida que avanza la tarde noche es tan solo un vacío desértico; sin ruido, sin vida.

En las oficinas ya no hay llamadas al interfono de quienes con sus urgencias interrogaban el del vecino para interesarse por qué no contestaban o si podía abrirles, no hay ruidos de pasos en el pasillo, no se escucha el murmullo de quienes recogían y redactaban noticias, no se escucha ruido de timbre de teléfonos, se ha hecho el silencio en ese espacio vecino que albergó durante muchos años una actividad incesante.

Fuera ocurre lo mismo, posiblemente no existe identidad alguna o sí, quizá sea la rentabilidad o la ausencia de esta, como ha pasado con multitud de espacios vitales y comerciales hoy vacíos, que jalonan ambas aceras de nuestra calle Larga, otrora bulliciosa y floreciente, hoy silente y deprimida.

Ni me acostumbro ni me resignaré a que el silencio y la ausencia sean paradigmas de nuestra calle Larga. Sigo y seguiré transitando por ella y ejerciendo mi actividad profesional en este espacio, que me permite desde la atalaya de mi balcón asomarme y soñar con un futuro próspero y de pulso vital para esta calle y para todas las que conforman nuestra magnífica urbe.

Por ello, sigo esperando que quienes ahora tienen el encargo de gestionar los recursos de nuestra ciudad, no dejen morir nuestro centro histórico. Sigo esperando que luchen por todas nuestras calles, las más céntricas y las menos. Sigo esperando que reaccionen y que no dejen pasar los 2 años que quedan en ese letargo en el que parece que se han ubicado. En definitiva, sigo teniendo la esperanza de que nuestro Puerto pueda florecer y volver a ser esa ciudad bulliciosa (no solo en verano), llena de actividad, productiva, sostenible y viva, como lo fue esa redacción periodística que he tenido a mi lado durante tantos años».

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