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LAS CIUDADES SON PARA SUS HABITANTES

  • Inmaculada Alcántara y Colón.


A pesar de la pandemia y de las limitaciones de movimiento a las que estamos sometidas toda la población, continúa la vida y se siguen proyectando mejoras para hacer las ciudades más amables, para promover el turismo y atraer la atención de los ciudadanos del mundo hacia nuestras ciudades. Las administraciones dan a conocer ideas, convocatorias y proyectos novedosos para inversiones turísticas a través de los medios de comunicación, en forma de llamativas noticias: “Ciudad amable para atraer al turista”, “Inversiones para desarrollo turístico…”. Pero, ¿ciudades amables para quién?,  desarrollo turístico, y ¿porque no desarrollo para la ciudadanía?

Esas noticias provocan un impacto desigual en la ciudadanía. Por un lado, una parte de ella recibe esas noticias con cierta satisfacción por considerarlo un avance, o progreso para la ciudad, en pro de un turismo que incentive la economía. En las ciudades, como la nuestra, cuyo principal motor económico depende de la llegada de turistas, esa circunstancia, supone el objetivo primordial por el que luchar, y el que se debe conseguir invirtiendo tiempo y esfuerzo para ello. De ahí que noticias sobre inversiones para el desarrollo turístico parecen ser la panacea que viene a solucionar los problemas económicos y laborales de la población y la ciudad en términos generales. En un principio, parece tratarse de una buena noticia para todos pese a que, a medio o largo plazo, el resultado de esas inversiones supongan incomodidades y trastornos para el vecindario local. 

Por otro lado, hay otra parte de la ciudadanía que recibe esas noticias con cierto reparo,  como un ataque a su ciudad. Esto se debe a que las inversiones turísticas no siempre se hacen con el beneplácito de la población local, ni siquiera se les consulta, que simplemente obedecen a opiniones y/o intereses minoritarios, ya sean de carácter político, económico o personal. 

¿Qué tipo de ciudad hacemos si las convertimos en un mero escaparate turístico? Ciudades que el turista quiere conocer, y que las convierten en simples copias, unas de otras, que pueden interesar al turista. Se convierten en parques temáticos turísticos, donde se desconoce la idiosincrasia propia de cada una de ellas, se olvidan las verdaderas tradiciones que son sustituidas por vagas costumbres o modas que se realizan en cualquier lugar, y pierden valor las peculiaridades que aportan el encanto especial que rezuma cada una. Todo aquello por lo que el turista se queda realmente prendado cuando conoce el verdadero estilo de vida local.

Esta dualidad turismo-tradición, se perpetúa y cada vez se manifiestan más distantes las posturas que defienden una u otra.

Las ciudades están hechas por y para el ciudadano local, que ha sido quien con los años, su cultura y tradiciones han hecho peculiar y única su localidad, incomparable al resto. Es el ciudadano local quien, al final, sustenta con sus impuestos el mantenimiento de su ciudad, el que se preocupa del buen estado de ésta, el que conoce, sufre, padece, y al tiempo quien disfruta de todos los avatares que a ella, y en ella ocurren; pero al que se le ignora.  

Se quieren implantar cosas que tienen otras ciudades, sin ver la repercusión de ello, tanto para el paisano como para la localidad, que pierde su encanto, su originalidad y su atractivo. Están convirtiéndose las ciudades en clones, para que las disfruten temporalmente los turistas, y el vecino sufre todo el año las molestias que se genera.  

Es lo que desde las asociaciones vecinales se viene pidiendo desde hace mucho tiempo: que se escuche a la ciudadanía a la hora de tomar decisiones de calado. Pero, desde las administraciones públicas, los políticos de turno no escuchan a la ciudadanía que habita pueblos y ciudades. Se olvidan de los ciudadanos y priorizan las inversiones en dinamización y desarrollo turístico, pero ambas cuestiones deberían ir de la mano.

El turismo es una fuente de riqueza y desarrollo económico, pero organizado y bien gestionado, ofreciendo la originalidad de las costumbres y de cada lugar. Para lo estandarizado ya están los supermercados. Si optamos por el turismo como una industria sostenible, no debe afectar negativamente a ningún lugar. Sólo es cuestión de hacerlo bien, para que tanto propios como foráneos lo disfruten y mantengan en plenitud. 

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