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A fondo: La historia del colegio San Luis Gonzaga

El colegio de San Luis Gonzaga se creó al amparo del noviciado jesuita que existió en el monasterio de la Victoria a mitad del siglo XIX. Su construcción está ligada al proceso de amortización de la segunda mitad de ese siglo. Además, por esta época la educación estaba adquiriendo cada vez más importancia y la instrucción pública se empezaba a considerar una obligación de primer orden.

El colegio fue creado por una sociedad de padres de familia de Sevilla, Cádiz, Jerez, El Puerto y otras ciudades de la baja Andalucía ante la falta de un centro de segunda enseñanza que garantizara la formación que querían para sus hijos.

Los jesuitas que durante los siglos XVII, XVIII y XIX protagonizaron repetidos intentos de instalarse en la ciudad, aceptaron enseguida el ofrecimiento de varias familias portuenses que les ofrecían la iglesia los restos y huertas del antiguo convento de San Francisco.

Para este fin de constituyó una empresa a la que se ofreció el convento que había sido comprado mediante suscripción de particulares y la venta de acciones por valor de más de 100.000 pesetas de las de entonces. 

Esta compañía creada en 1864, era la empresa constructora del colegio de San Luis Gonzaga, mientras se iniciaba la obra, la institución docente comenzó en la ciudad de Puerto Real en 1864 y ya en 1865 se trasladó a El Puerto.

Entonces se instaló provisionalmente en el antiguo hospicio de indias de la compañía de Jesús, donde permaneció durante dos cursos académicos entre 1865 y 1867. 

La unión de los deseos de la orden jesuita y de los padres de familia, propició la creación de una comisión que encargó el arquitecto Balbino Marrón y Ranero la ejecución de un proyecto para instituto de segunda enseñanza San Luis Gonzaga, el proyecto se realizó entre 1865 y 1866 aprovechando el inmueble del antiguo convento de San Francisco y fue aprobado por la junta provincial de obras públicas de Cádiz, las obras se comenzaron con un millón de reales en acciones. 

Este proyecto consistió en mantener la iglesia del convento y aprovechar su claustro para crear un gran patio interior que organizara los espacios del colegio, se configuraba una planta cuadrada con fachada a la plaza y con la iglesia en uno de los lados, el patio interior se convirtió en uno de los elementos arquitectónicos más interesantes del edificio. 

La fachada tiene carácter representativo y en el interior destacaban el vestíbulo, el salón de actos y la biblioteca.  

Paralelamente a la construcción del edificio se ordenó la plaza, entonces, de San Francisco y actualmente del Avemaría que se hallaba en un estado bastante deteriorado y se alineó la calle de San Francisco , tras dos años de obras y aun sin terminar totalmente se inauguró el centro el 27 de julio de 1867, una vez instalada en él, la comunidad jesuita, que estaba compuesta por 4 padres, 6 hermanos escolares, 4 coadjutores  y 10 empleados, el colegio fue diseñado para 300 alumnos internos aunque esta cifra nunca llegó a alcanzarse. 

Después de la revolución de septiembre de 1868 conocida como “La gloriosa”, el colegio fue incautado por la junta revolucionaria y los jesuitas fueron expulsados, la comisión directiva del centro nombrada por la asociación de padres inició entonces los trámites para el rescate del mobiliario, y en 1875 el ayuntamiento acordó devolver al centro sus pertenencias, esto ocurría coincidiendo con el gobierno de la restauración y la vuelta al reinado de los borbones con Alfonso XII.

 Entonces comenzó la etapa más fecunda del colegio que llegó a tener 42 padres y 200 alumnos, en su mayoría, internos, fueron los años dorados del centro entre 1875 y 1924. 

Testimonios de la época se refieren a él como un edificio magnífico, grandioso, colosal, con suntuosidad, amplitud, comodidad y buen gusto entre otras características. Y como se puede apreciar a simple vista, la obra es de líneas clásicas enmarcada en el movimiento historicista que se estaba produciendo en la arquitectura de ese momento. 

En 1902 el colegio estaba todavía bajo la dirección de una sociedad de padres de familia y a cargo de la compañía, conociendo una cierta decadencia que redujo el número de alumnos y profesores hacia 1923, en 1924 los jesuitas eligieron el centro como noviciado y seminario por un periodo de 10 años. Durante la primera etapa como centro escolar estudiaron en él personajes como Juan Ramón Jiménez, premio nobel de literatura en 1956. Manuel Halcón, el poeta Fernando Villalón, Pedro Pérez Clotet, Jesús Pavón y los portuenses Rafael Alberti, Pedro Muñoz Seca y su hermano Francisco, los ingenieros Elías Ahuja y Juan Gavala o Juan Guilloto Modesto destacado militar del ejército republicano en la guerra civil española y autor del libro “Soy del quinto regimiento”. 

Juan Ramon, Villalón y Muñoz Seca coincidieron en el curso de 1895. 

También intervinieron en la vida del centro ilustres jesuitas como Pérez del Pulgar o los hermanos Ayala. El colegio recibió visitas de personalidades de todos los ámbitos como es el caso del propio Alfonso XII y las infantas. 

En 1931 con la proclamación de la república los miembros de la compañía fueron nuevamente expulsados hasta 1936, durante la guerra civil fue utilizado como hospital, volviendo a convertirse en noviciado en 1939. 

En 1961 se trasladó el noviciado, en 1962 un grupo de portuenses comprometió a la compañía de Jesús a reinaugurar la enseñanza en el colegio de San Luis Gonzaga.

Ahí se trasladaron los alumnos desde el colegio de la pescadería, que la asociación de padres católicos había fundado debido a la desaparición del colegio jesuita. 

Se recuperó de nuevo la función docente hasta la actualidad que comenzó entonces con 200 alumnos. Años antes, en 1945 se había fusionado con la SAFA, en la década de los años 70 fueron admitidas alumnas, en 1983 el ayuntamiento autorizó la venta de los terrenos de la huerta, procediéndose a remodelar el colegio completamente. 

A cambio, en 1985 se le cedió al municipio, la magnífica fachada, en esta zona, donde se incluyen el salón de actos y la antigua biblioteca, actualmente archivo histórico municipal, se han instalado tras su rehabilitación varios servicios municipales, las concejalías de cultura, educación y fiestas y en servicio municipal de publicaciones.

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